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La mentalidad que necesitas para emprender en cosmética artesana

2 oct
5 min de lectura

El otro día estaba escuchando a una chica que se dedica a ayudar a profesionales de la peluquería canina a poner en marcha y mejorar sus negocios. Mientras la escuchaba pensé: esto mismo les ocurre a muchas artesanas de la cosmética.



Artesana en su tienda de jabones y cosmética artesana

Ella explicaba que muchas personas deciden abrir una peluquería canina porque aman a los animales. Les encanta trabajar con ellos, se forman, aprenden el oficio y

sueñan con poder ganarse la vida haciendo algo que realmente les apasiona. Abren su negocio con muchísima ilusión y convencidas de que, si hacen bien su trabajo y tratan estupendamente a los animales, todo irá bien. Pero algunas, pasado un tiempo, terminan cerrando.Y no necesariamente porque fueran malas peluqueras caninas.


El problema es que aprendieron a ser peluqueras, pero no aprendieron a ser empresarias.


Mientras la escuchaba pensé inmediatamente en la cosmética artesana. Y también en otros muchos oficios, como la panadería, la pastelería o cualquier profesión artesanal que nace de algo que nos encanta hacer.


Porque cuando convertimos una pasión en una profesión necesitamos aprender algo que probablemente nadie nos había contado: hacer muy bien nuestro producto es imprescindible, pero no es suficiente para construir un negocio viable.


El error de pensar que si haces un buen producto, el negocio funcionará


Cuando una artesana empieza a plantearse vender sus jabones o sus cosméticos, normalmente dedica muchísimo tiempo a aprender a formular. Prueba ingredientes, mejora sus fórmulas, busca envases, estudia procesos, hace cursos, perfecciona sus jabones... Si vas a vender cosméticos, tienes que fabricar productos seguros, correctamente formulados y de los que puedas sentirte orgullosa. El problema aparece cuando creemos que ahí termina nuestro trabajo. Porque podemos hacer el mejor jabón del mundo y tener un negocio que no sea rentable.


Un producto excelente no decide cuánto tenemos que vender cada mes para cubrir nuestros gastos. No calcula nuestro margen. No gestiona la tesorería. No determina qué productos merece la pena mantener en el catálogo. Tampoco consigue clientes por sí solo ni decide dónde debemos venderlos. Para todo eso necesitamos empezar a desarrollar otra habilidad: aprender a pensar como empresarias.


Pasar de artesana a artesana emprendedora


El cambio de mentalidad es uno de los pasos más difíciles cuando decidimos profesionalizarnos. Hasta ese momento nuestra pregunta principal era:

¿Cómo puedo hacer mejores productos? ¿Cómo puedo poner en marcha mi negocio?


Pero cuando emprendemos tenemos que seguir haciéndonos esa pregunta, pero necesitamos añadir otras:


¿Quién va a comprar mis productos? ¿Por qué me los compraría a mí? ¿Cuánto me cuesta realmente producirlos? ¿A qué precio necesito venderlos? ¿Cuánto tengo que facturar cada mes? ¿Qué gastos tendré aunque ese mes venda poco? ¿Qué productos me interesa fabricar? ¿Dónde voy a encontrar clientes? ¿Tengo suficiente margen? ¿Cómo voy a financiar el crecimiento?


Y probablemente una de las preguntas más importantes:

¿Puede el negocio que estoy diseñando pagarme algún día por mi trabajo?


Eso es pensar como empresaria. No significa dejar de ser artesana. Tampoco significa convertirte en una gran empresa, fabricar miles de unidades o perder aquello que hacía especial tu proyecto. Significa comprender que, si quieres poder dedicarte durante muchos años a aquello que amas, el negocio que lo sostiene tiene que funcionar.


Tener mentalidad empresarial no significa pensar únicamente en ganar dinero


A veces la palabra empresaria genera cierto rechazo en el mundo artesanal. Parece que ser artesana representa la creatividad, el cuidado, el oficio y la pasión, mientras que ser empresaria significa pensar únicamente en dinero. Y eso no es así.


Precisamente porque quieres seguir elaborando cosmética artesana necesitas que tu actividad genere los recursos necesarios para mantenerse.

Necesitas comprar materias primas, pagar envases, legalizar productos, asumir tus gastos, reponer stock, invertir, pagar impuestos y, por supuesto, cobrar por tu propio trabajo.

La rentabilidad no es lo contrario de la artesanía, es lo que permite que la artesanía sobreviva.


“Es imposible emprender con todos los gastos que hay”


Cuando un negocio no funciona es muy fácil mirar hacia fuera. Los impuestos son demasiado altos. La cuota de autónomos. La normativa. Los costes de las materias primas. Las comisiones. La competencia. Los clientes que no quieren pagar. Y, por supuesto, todos esos factores pueden afectar a un negocio. Emprender tiene costes y dificultades reales y no todos los negocios parten de las mismas circunstancias.


Pero hay una cuestión que me parece fundamental: no podemos diseñar nuestro negocio ignorando la realidad en la que tendrá que funcionar.


Si sabemos que tendremos determinados gastos, tendremos que calcular cuánto necesitamos generar para pagarlos. Si nuestro producto cuesta demasiado para el precio al que podemos venderlo, tendremos que revisar nuestros costes, nuestro posicionamiento o incluso el producto. Si necesitamos vender 300 unidades mensuales para sobrevivir y nuestra capacidad de producción es de 100, tenemos un problema que necesitamos detectar antes de que sea demasiado tarde. Eso es gestión. Y aprender a verlo no elimina las dificultades externas, pero nos permite tomar mejores decisiones sobre aquello que sí podemos controlar.


La ilusión empieza el negocio; los números permiten continuarlo


Se necesita mucha ilusión para emprender. Muchísima. Sin ella probablemente nunca daríamos el primer paso. Pero después necesitamos sentarnos delante de una hoja de cálculo, aunque no nos apetezca tanto como formular una crema nueva.


Tenemos que calcular costes, estudiar precios, hacer previsiones, controlar gastos, pensar cómo vamos a vender y comprobar periódicamente si aquello que imaginamos está ocurriendo realmente. Y cuando los números nos dicen que algo no funciona, necesitamos ser capaces de cambiarlo. Quizá haya que subir un precio. Eliminar un producto. Buscar otro proveedor. Fabricar de otra manera. Cambiar un canal de venta. Dejar de invertir tiempo en algo que no genera resultados o concentrarnos en los productos que realmente funcionan.


La mentalidad empresarial no consiste en acertar siempre. Consiste en observar, medir, aprender y tomar decisiones.


No necesitas dejar de pensar como artesana


No se trata de que dejes de pensar como artesana. Tienes que conservar precisamente aquello que te llevó hasta aquí: el amor por el oficio, el cuidado con el que haces tus productos, las ganas de aprender, la creatividad y el orgullo de hacer algo con tus propias manos. Lo que necesitas es sumar una nueva forma de pensar.


Cuando estés formulando, piensa como formuladora. Cuando estés fabricando, piensa como fabricante. Cuando tengas que cumplir la normativa, piensa como responsable de tus productos. Y cuando tengas que tomar decisiones sobre precios, inversiones, ventas o gastos, piensa como empresaria. Todas esas facetas pueden convivir perfectamente en la misma persona.


Si quieres vivir de tu pasión, aprende también a gestionar tu negocio


Cuando pienso en aquella peluquera canina, en una panadera que sueña con tener su propio obrador o en una artesana que quiere crear su marca de cosmética, veo exactamente el mismo deseo: poder ganarse la vida haciendo algo que ama.


Y sería una pena que un proyecto así terminara no porque la persona no fuera buena en su oficio, sino porque nadie le enseñó a convertir ese oficio en un negocio sostenible.


Por eso, si estás pensando en emprender en cosmética artesana, fórmate en formulación. Aprende normativa. Aprende Buenas Prácticas de Fabricación. Haz productos excelentes.

Pero aprende también de costes, precios, ventas, tesorería, estrategia y gestión.


El verdadero objetivo es construir un negocio que te permita seguir dedicándote mañana, dentro de cinco años y ojalá durante muchísimo tiempo, a aquello que hoy te apasiona. Por eso, si quieres emprender en cosmética artesana quiero invitarte a conocer mi Programa Emprender donde te ayudo a poner en marcha tu negocio y a diseñar un plan viable para que el negocio funcione, haz click aquí.

 
 
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